A continuación, contaremos la historia geológica del territorio de una forma sencilla y amena. Para más información puede leer el informe geológico:
El territorio del geoparque alberga una geología diversa y compleja, por lo que la mejor forma de explicarla es en base a su propia historia geológica. Los paisajes y las características geológicas de los bordes oeste y sur de la provincia de Salamanca son fruto de una evolución lenta y antigua que podemos decir que se inicia en el Precámbrico, hace más de 570 millones de años (Ma.).
PRIMERO HAY QUE HACER LAS MALETAS
Antes de iniciar este viaje a través de la evolución de las montañas y los ríos debemos ser conscientes de que vivimos en un planeta en constante movimiento. Algunos movimientos son muy rápidos, como los que sufrimos al movernos por el sistema solar, pero en geología los cambios se miden en millones de años, muy lejos de la escala humana. A ese nivel, incluso los continentes no dejan de moverse, deslizándose sobre una cálida y viscosa capa del interior de la tierra (astenosfera), al igual que hacen las galletas sobre unas espesas natillas muy calientes. Este continuo movimiento podemos percibirlo brevemente a través de los terremotos, pero en la escala geológica es lo que hace que surjan las montañas, se deformen las rocas, se abran los océanos y se empuje a parte de la superficie terrestre de nuevo hacia el interior del planeta. Este movimiento de la corteza terrestre se denomina tectónica de placas.
Una vez las rocas llegan a la superficie terrestre quedarán expuestas a los agentes atmosféricos (sol, lluvia, viento, heladas, etc.) que las irán erosionando poco a poco. Las sólidas rocas, dependiendo de su naturaleza química, se irán disolviendo o se irán deshaciendo en pequeños granos; las imponentes montañas irán desgastándose y tallándose en valles y laderas. Lo que se disuelva precipitará cuando el agua que lo contiene se remanse; los granos y partículas serán transportados por el viento y el agua hacia zonas más bajas y protegidas. Allí, estos sedimentos se irán acumulando y compactando dando lugar con el tiempo, siempre gracias al tiempo, a las rocas sedimentarias. Algunas veces, sobre todo en las desembocaduras de los ríos y otras cuencas sedimentarias, estos sedimentos se acumulan en una cantidad tan enorme que van empujando a los de abajo a zonas más profundas de la corteza terrestre, donde la presión y la temperatura son de tal magnitud que los sedimentos sufren transformaciones como si los hubiesen metido en un horno metalúrgico. Surge así un nuevo tipo de rocas, las rocas metamórficas.
Mientras este proceso se repite implacable a través de las eras geológicas, formando y desgastando las montañas, otros tipos de roca van surgiendo del interior del planeta (rocas ígneas). Pueden aparecer de forma brusca, a través de una erupción volcánica, dando cenizas y rocas amorfas y porosas fruto del rápido enfriamiento del magma (rocas volcánicas) o pueden surgir gracias a plutones, es decir, a grandes volúmenes de magma ligero que ascienden lentamente por la corteza terrestre. Estas últimas son las rocas plutónicas, como los granitos, que tienen una estructura más regular, con minerales mejor formados gracias a un enfriamiento lento. Según ascienden los plutones las rocas adyacentes se ven afectadas, deformándose y llegando incluso a fundirse parcialmente. A estas transformaciones las conocemos como metamorfismo de contacto.
Ahora que hemos sentado las bases de cómo funciona nuestro planeta desde un punto de vista geológico estamos listos para iniciar nuestro viaje.
DE AQUELLOS BARROS, ESTAS ROCAS
Si pudiésemos ver cómo era el planeta Tierra hace 570 Ma. nos costaría mucho reconocer nuestro hogar. Lo que en un futuro será la península ibérica se sitúa muy cerca del polo sur. Es un grupo de islas de muy diversos tamaños que emergen en una zona de contacto entre varios continentes. En los fondos marinos se acumula una cantidad ingente de sedimentos de limos y arenas que albergan fósiles de seres microscópicos. En aquella época, pese a que la vida había surgido hacía ya 3.300 Ma., todos los organismos eran aún microscópicos y habría que esperar otros 20 Ma. para que apareciesen los primeros seres vivos visibles a simple vista. Estas grandes cantidades de sedimentos acumulados en los fondos marinos serán las que formen las rocas del complejo esquisto-grauváquico que son las rocas más antiguas que se han datado en el territorio del futuro geoparque.
Millones de años después, ya en el Ordovícico (470 Ma.) los fondos marinos reciben unos sedimentos que se distinguen de los anteriores y que darán origen a cuarcitas de tonos rojizos y morados (cuarcita armoricana). Estas cuarcitas se forman gracias a arenas que ocupaban los fondos marinos en los que había gran actividad biológica. Así, en las zonas de cuarcitas del geoparque podremos encontrar rocas con vestigios de las condiciones marinas en las que se originaron, como pequeñas dunas que se forman en la arena del fondo del mar (ripples) y marcas de oleaje. También encontraremos evidencias de la actividad biológica de la época, como galerías de gusanos (skolithos) o las famosas cruzianas, que son los rastros fósiles de los trilobites, unos organismos muy abundantes en aquella época, pero que se extinguieron hace 250 Ma.
Todas estas rocas antiguas, que se formaron a partir de sedimentos marinos, van a salir a la superficie gracias a un proceso que se inicia hace unos 380 Ma. Es entonces cuando el contacto entre continentes se vuelve cada vez más activo y las colisiones entre ellos harán que aparezcan nuevas cadenas montañosas con rocas procedentes de los fondos marinos. Esta intensa actividad tectónica se conoce como Orogenia Varisca, tiene su máxima actividad durante el Carbonífero, hace 300 Ma. y su intensidad es tal que hará que todos los continentes queden agrupados en un único supercontinente llamado Pangea.
Es entonces cuando el territorio de la península ibérica empieza a formarse gracias a la fusión de terrenos procedentes de varios continentes y fondos marinos. Emerge así lo que hoy día conocemos como Macizo Ibérico, que ocupa gran parte de la mitad oeste de la actual península. Por supuesto que este bloque primitivo va a seguir sufriendo modificaciones, pero va a ser por unos procesos muy diferentes al anterior.
UN ATAQUE POR LA RETAGUARDIA
El Macizo Ibérico es el germen de la Península Ibérica. En él tenemos materiales de origen sedimentario muy antiguos, pero hoy en día podemos observar que entre ellos aparecen otras rocas más modernas y que no proceden de sedimentos que hayan sido depositados después. ¿Cómo es eso posible? Para encontrar una respuesta debemos entender la naturaleza de estas rocas más modernas. Si las observamos veremos que están compuestas, a grandes rasgos, de cristales de micas, cuarzos y feldespatos. Son granitos y otras rocas similares, todas ellas originadas directamente desde el magma. Han aflorado a la superficie gracias a la erosión de todas las otras rocas que tenían encima y a las que han ido presionando y alterando desde abajo. En el futuro geoparque podemos observar dos grandes bloques de rocas plutónicas: uno en la zona de Las Arribes y otro en la zona de la Sierra de Béjar, además de otras dos afloraciones menores en la zona de El Rebollar. Todas ellas se extienden más allá de los límites del geoparque.
En la zona de las Arribes se sitúa el Domo del Tormes, que se extiende también por la provincia de Zamora. Es un complejo sistema geológico que ha sufrido el ascenso de varios volúmenes de magma en distintas épocas, gracias a los movimientos que produjo la Orogenia Varisca. Los primeros plutones ascienden durante el Carbonífero (320-340 Ma.) y 50 Ma. después ascienden otros granitos más oscuros que deforman a los anteriores. El proceso finaliza entonces, tras un intenso proceso de fracturación que dejará al Domo dividido en varios bloques. Cada uno de estos plutones ha generado rocas diferenciadas y ha alterado, con procesos de metamorfismo de contacto, a las rocas que ya estaban allí, incluyendo a los granitos que habían aflorando antes. De este modo, nos encontramos con granitos de distintos tipos, gneis y otras rocas metamórficas de distinta naturaleza.
En la zona de la Sierra de Béjar la aparición de los granitos corresponde a otra historia geológica, vinculada al resto de granitos que aparecen en el Sistema Central, siguiendo por Gredos hasta Guadarrama. Es la historia del Batolito de Ávila. Se denomina batolito a afloramientos de granito que ocupan superficies superiores a los 100 Km2 y que están constituidos por varios plutones. Este batolito, de 13.000 Km2 de extensión (uno de los más grandes de Europa), se formó casi al mismo tiempo que el Domo del Tormes, también durante la Orogenia Varisca, entre 330 y 295 Ma. atrás.
En El Rebollar se puede encontrar el borde de otros dos batolitos, el del Jalama, que se extiende hacia el sur por Extremadura y Portugal y el de Guarda, que sigue hacia el noroeste por Portugal.
En todos estos lugares, como los granitos son rocas procedentes de magna, no se encontrará ningún fósil ni otros vestigios de tiempos pasados. Son rocas en las que solo podremos ver cómo la erosión las ha afectado, pero nos ayudarán a entender cómo es el interior de nuestro planeta ya que su composición química es la del magma del que proceden.
UN SILENCIO DE MÁS DE 200 MA.
Una vez terminada la Orogenia Varisca (290 Ma.) tenemos un largo periodo de tiempo en el que todo el territorio del geoparque quedó ya emergido y expuesto a la erosión y al desmantelamiento del relieve, por lo que no tenemos sedimentos ni otras pistas que nos permitan saber qué es lo que ocurrió aquí. Algunos cálculos parecen indicar que la erosión que ha sufrido el territorio sería la equivalente a más de 7.000 metros de altura.
Durante este largo tiempo del que no tenemos registro local en el geoparque, el supercontinente Pangea fue moviéndose hacia el norte, llevando a la península iberia a latitudes más reconocibles. Hace 175 Ma., ya en la época de los dinosaurios, este supercontinente comenzó a fracturarse, primero en dos: Gondwana y Laurasia y después en los múltiples continentes que actualmente conocemos y que se aíslan hace 60 Ma.
Tenemos que esperar hasta el Paleógeno, hace unos 50-60 Ma., para volver a tener registro en el geoparque de la actividad geológica local. Una nueva colisión entre continentes, esta vez entre la antigua África (que incluía Madagascar, India y otros territorios) y Eurasia va a formar las montañas que hoy día existen entre ambos continentes (Alpes, Pirineos, Cárpatos, Rif, Cáucaso, Himalaya, etc.), incluido el Sistema Central.
MONTAÑAS NUEVAS PARA LOS RÍOS MODERNOS
La colisión entre África y Eurasia, que sigue activa en la actualidad, es el motor de la Orogenia Alpina. El Sistema Central también se elevó gracias a esta colisión, pero lo hizo en bloques fragmentados, quedando unos elevados y otros hundidos (horsts y grabens). Esta es la conformación que define el perfil actual del Sistema Central. Los bloques elevados continuaron erosionándose, mientras que los bloques hundidos fueron rellenándose con nuevos sedimentos. La Sierra de Béjar, la Sierra de Francia y El Rebollar son parte de esos bloques que quedaron elevados; a su lado están otros que quedaron hundidos.
A mediados del Paleógeno, en el Eoceno, se inicia la sedimentación en la Fosa de Ciudad Rodrigo. Es ésta una prolongación de la cuenca sedimentaria del Duero que debido a su suave relieve y escasos hallazgos fósiles (aunque se estima que deben ser abundantes) es aún poco conocida desde el punto de vista geológico. Sus sedimentos fueron depositados por ríos, que durante un tiempo fluyeron hacia el norte, después hacia el sur y al final de nuevo hacia el norte, formando rocas de areniscas de entre 5 y 40 Ma. En conjunto, es un sistema que se formó en 5 etapas diferenciadas, recibiendo sedimentos producidos por un clima estacionario y árido que fue desgastando los relieves que rodeaban la fosa por el norte, el noroeste y el sur. Por último, una red ortogonal de fracturas que afectaron a las rocas, remató las características de esta unidad geológica que quedó definida hace 23 Ma.
Hace poco más de 5 Ma. se produjo un basculamiento del Macizo Ibérico que va a ser la causa de uno de los mayores espectáculos geológicos que se pueden visitar en el geoparque. El río que en un futuro sería el Duero nacía cerca de lo que hoy es la frontera con Portugal y un gran lago ocupaba gran parte de la meseta castellana. Al producirse el basculamiento del Macizo Ibérico hacia el oeste, el proto-Duero pudo captar el agua del lago interior y sacarla hacia el mar. El desagüe de la actual cuenca del Duero provocó una potente erosión en las rocas que hacían de límite oeste del lago y el Duero y sus nuevos afluentes (entre los que están el Tormes y el Águeda) se fueron encajando en esas rocas dando lugar a las Arribes del Duero, un espectacular conjunto de cañones fluviales de más de 100 Km de largo y una profundidad máxima de hasta 600 metros.
LA GUINDA DEL PASTEL FUE EL HIELO
Con el recorrido que hemos hecho por la historia geológica del geoparque nos podemos hacer una idea de lo que vamos a poder encontrar en él. Sin embargo, hay un último episodio de esta historia que es necesario contar. Muy cerca ya del presente, hace apenas 27.000 años la zona se ve afectada por la última glaciación. La Sierra de Béjar es zona que conserva evidencias de cómo afectó la glaciación Würm, pero también hay vestigios en las cumbres de la Sierra de las Quilamas y la Sierra de Francia. Se calcula que los hielos afectaron a zonas a partir de los 1.200 metros de altitud y que por encima de los 2.000 metros el hielo logró espesores de más de 100 metros. En las cumbres de la Sierra de Béjar se formó una masa helada que al ir retirándose fue formando las lenguas de hielo que modelaron los valles glaciares que surcan, a día de hoy, sus laderas.
Llegamos así al presente, conociendo un territorio complejo y fascinante que aún conserva muchos secretos por descubrir. La acción del Ser Humano va dejando sus propias marcas en la geología con nuestra incesante búsqueda de recursos geológicos para explotar. Es tal la intensidad con la que alteramos nuestro entorno que hemos iniciado una nueva época geológica, el Antropoceno. Pero esa ya es otra historia que contar.